lunes, 7 de marzo de 2011

Carnaval ¿por decreto?

Está muy bien que se repongan los feriados por Carnaval. Porque era legítimo tenerlos y porque un gobierno ilegítimo los borró del calendario.

Pero la alegría no se puede imponer por decreto. Este pueblo ya no es el mismo de antes, cuando era la alegría popular la que generaba las fiestas. Este pueblo fue perdiendo la alegría junto con la simplicidad que es hermana de la inocencia. Los mismos músicos e intelectuales bien intencionados que han querido "mantener vivo" al carnaval, no han hecho otra cosa que mostrarnos un triste remedo, mejor dicho un remedo triste de la fiesta de Momo. Por estos días cualquier corso de la ciudad de Buenos Aires es la prueba más fehaciente de lo que digo. Más que corsos son corsés.

Este pueblo perdió las ganas de divertirse mucho antes de que se prohibieran los corsos, cuando le voltearon al gobierno que lo hacía más digno y feliz, cuando lo tuvieron proscripto, cuando hubo que resistirse y luchar, cuando lo sometieron al terrorismo de estado y a las miserias del capitalismo salvaje.

Hoy, las murgas, los bombos, los corsos, los disfraces; son "cosas de negros", y no de los que vienen de África, sino de los "cabezas". El carnaval "aceptable", vistoso, turístico, es desde hace años el que organizan en Corrientes o en Entre Ríos. Ambos son una burda y pobretona imitación del fastuoso y espectacular carnaval de Río de Janeiro.

Hoy por hoy algunos pretenden que sean las fiestas, en este caso el carnaval, las que generen la alegría. Eso es imposible. Si algún día retorna (seguramente retornará si no abandonamos este camino, pero no será mañana mismo), la alegría será fruto de la justicia social, del orgullo de pertenecer a una nación soberana, a una sociedad igualitaria, donde no haya excluidos, donde todos tengan oportunidad de realizarse. Nunca será fruto de un día más o menos de feriado en el calendario.

Si algún día regresa la verdadera alegría,espero que se manifieste con el carnaval más argentino posible: el ancestral de las provincias,y el carnaval porteño que conocí en mi infancia. Los culos trémulos son muy tentadores, pero además de no formar parte de mi idiosincrasia, me dan un poquito de vergüeza...

miércoles, 23 de febrero de 2011

Años

Me enamoré de ella en mi adolescencia. A pesar de que era mucho mayor que yo, enseguida nos juntamos y comenzamos a convivir.
Ella, aunque sencilla, madura y experta; era natural, fresca y luminosa como un amanecer. Yo ingenuo, curioso, apasionado, entusiasta, lleno de ilusiones.
Pasamos muchos años juntos y felices, ella disfrutando de mi amor y de mi energía, yo nutriéndome con su sabiduría y gozando de sus muchos encantos y talentos. Necesitábamos poco y nada para estar bien, armoniosos y plenos.
Aunque sabía que con el paso del tiempo ella iría perdiendo algo de su misterio, confiaba en que si bien algunos de sus atractivos desaparecerían, al correr de los años le encontraría otros.
Pero no sólo eso no ocurrió sino que ella se fue volviendo cada vez más superficial y materialista. Transcurrido algo menos de medio siglo juntos, decepción más, decepción menos, yo sigo siendo el mismo idealista aunque estoy viejo. Ella ha llenado nuestra casa de artefactos y escenografías y –maquillaje, tintura y cirugías mediante- aparenta ser joven, aún más joven que yo. Yo soy auténticamente viejo y ella artificial y patéticamente “joven”.
Cada vez con más frecuencia siento que ya no tenemos nada en común, que ya no la quiero. Y no sólo porque ya no le encuentro atractivos, sino también porque en lo más esencial, me defraudó. Sin embargo me aferro a los buenos recuerdos para no apartarme definitivamente de ella.

A veces me pongo a reflexionar acerca de cómo es mi relación actual con la música popular argentina de raíz folklórica.

lunes, 21 de febrero de 2011

RESCATES > LAS TAPAS DE LAS PARTITURAS DE TANGOS DE PRINCIPIOS DEL SIGLO XX


El tango por los ojos entra

Recién salido de la orilla y los prostíbulos, todavía lejos de legitimarse pero ya popular, el tango de las tres primeras décadas del siglo XX era alegre, pícaro, marginal. Y como poca gente era dueña de aparatos de reproducción de música, las partituras tangueras debían vender su contenido con diseños atractivos, que apelaran a todos los públicos. Tango, una pasión ilustrada, el libro del filósofo y especialista en cultura popular Gustavo Varela, recopila aquellas carátulas, joyas de la ilustración que hablan de la vida social del Buenos Aires de entonces y forman parte de una historia visual del género que está por escribirse.

Por Mariano del Mazo

Hubo un tiempo en que el tango estaba más cerca de lo que hoy representa la cumbia villera que de lo que sugiere su presente: una música prestigiosa que se debate entre la imposibilidad de consolidar un público local y la máquina de hacer chorizos para turistas. Un siglo atrás el tango era marginal, liviano y picaresco: las letras iban del costumbrismo más rancio a la obscenidad, y la música se escuchaba rudimentaria y alegre. Estaba empezando a salir del prostíbulo y faltaba muy poco para que París lo legitimara y provocara en la Buenos Aires europeizada de los años posteriores al Centenario una impresionante mezcla de clases. En sintonía con su origen musical híbrido, el tango desató una inédita trama de relaciones entre el inmigrante y el niño bien, la prostituta y el juez, la orilla y el Centro.

Afín al carácter de los primeros escarceos del género, cuando el tango era todavía una argamasa indefinida, el libro Tango, una pasión ilustrada de Gustavo Varela queda ubicado en un punto de confluencia entre la publicación artie, casi de diseño, y la reflexión, la historia y el ensayo. Varela es filósofo, docente de la UBA, director académico del posgrado Tango: genealogía política e historia en Flacso y, como ya lo demostró en su libro Mal de tango (Paidós, 2005) y lo demuestra cotidianamente en sus clases, piensa la cultura popular desde las complejidades sociopolíticas de cada época.

El libro parte de las carátulas de partituras publicadas durante las primeras tres décadas del siglo XX. Joyas de la ilustración, responden al imaginario y al estereotipo que planteó el tango ya desde sus inicios. Hay piezas famosas y también ignotas: desde “El choclo” (en el que se ve la caricatura de su autor, Angel Villoldo, frente a una planta de maíz) y “La Cumparsita” (una murga con un estandarte de la Federación de los Estudiantes del Uruguay) hasta “La grippe” (“tango contagioso para piano”) o el insólito “La muela careada” de Vicente Grecco. El prólogo del catedrático español Javier Barreiro es claro, informativo y revela la función difusora y multiplicadora de las partituras y, precisamente, de la necesidad de un dibujo atrapante en la portada como argucia publicitaria. “Téngase en cuenta que, al no existir medio de reproducción musical sino para los muy acomodados –fonógrafos que reproducían cilindros de cera, gramófonos que reproducían discos de unas 78 revoluciones por minuto, fonolas mecánicas o autopianos que leían rollos perforados–, eran el organito callejero, la banda de música en los días señalados, la actuación en directo en el café o en el teatrucho y el boca a boca los que determinaban la popularidad de un tema. Cuando esto sucedía, el público, deseoso de aprender la letra o de interpretarla en el piano, la adquiría. En otras ocasiones, se trataba de mero afán coleccionista. Recuérdese, además, que el piano era un instrumento usual en casi todas las casas de clase media y que el estudio de solfeo era mucho más popular entonces que en un tiempo como el nuestro”, escribe.



UNA HISTORIA GRAFICA
La música también entraba por los ojos. Los trazos –filosos en la crítica, deudores del art nouveau y del expresionismo– definen el mundo cotidiano a través de un sarcasmo entre cándido e impiadoso. Los autores de esas viñetas funcionales son desconocidos; a menudo se trataba de dibujantes consagrados en las revistas más populares de la época –Caras y Caretas, Fray Mocho y PBT– que eran contratados por las editoriales musicales y que, por considerar que se trataba de trabajos a pedido, preferían el anonimato.

Sorprenden por su audacia algunos dibujos de los tangos eróticos. Los títulos son elocuentes y parecen sacados del sketch de Diego Capusotto de Luis Almirante Brown o de las temporadas teatrales de Villa Carlos Paz: “¿Con qué tropieza que no dentra?”, “Déjalo morir adentro”, “El fierrazo”, “Dos sin sacarla”, “Haceme venir... la risa” y algunos que fueron cambiados como el célebre “La concha de la lora” (La cara de la luna). Nada se compara con “Metele bomba al P...rimus” y su portada prácticamente pornográfica para la moral de la época. En los antípodas, la romántica carátula del vals de Villoldo “Suspiros lejanos” señala al pasar el flirteo snob que tuvieron muchos compositores con París: lo que se ve es una dama en situación de añoranza amorosa, con la Torre Eiffel de fondo. Varela descubrió en este variopinto despliegue gráfico la posibilidad de indagar aspectos sociales y políticos latentes en los dibujos. Con pensamiento propio y prosa elegante, se basó en siete temáticas disparadoras: El prostíbulo, El baile, La mujer, El turf, Los tangos médicos, El tango en el extranjero y El tango y los negros.

“Siempre disfruté de las carátulas de las viejas partituras –dice Varela–. Lo que veía allí era el relato gráfico de un mundo distinto, hecho de personajes, de situaciones o de gestos muy propios que hablan de otro modo de la vida social en Buenos Aires en los primeros años del siglo XX. Intentaba encontrar escenas que me permitieran comprender mejor el ambiente en el que el tango nacía y se extendía por toda la ciudad. Creo que, más allá de la belleza que tienen los dibujos, son un documento histórico para quienes disfrutan o investigan la cultura del tango. Hay una historia visual del tango que todavía no se escribió, o que permanece dispersa, que incluye las carátulas de las partituras, los dibujos de Caras y Caretas, las fotos de sus hacedores, Sabat, Pettoruti, las tapas de algunos discos, algún cómic sobre Gardel. Este libro es un pequeño aporte a esta idea.”

Para Varela, el tango está invariablemente atado al derrotero político. No ve casual que el tango canción surja cuando Hipólito Irigoyen hace llegar al poder a los hijos de los inmigrantes. Y considera que la década infame en los años ‘30 tiene su correspondencia tanguística: “La llegada del cine sonoro impone el gusto musical que viene de Hollywood –el jazz, el fox trot, el cakewalk– y deja sin trabajo a muchos de los músicos de tango que acompañaban al cine mudo. El tango pierde la primacía de los años anteriores y las orquestas típicas no saben dónde tocar”, escribe, y completa una idea audaz, al menos incorrecta: “Si la historia política argentina define a los años ’30 como la década infame, para el tango lo es porque muere Gardel. Apenas un tiempo después el género comenzará a despegar del letargo en que estaba sumido en aquellos años. La muerte de Gardel fue tan generosa como su voz, tanto como para bañar de oro la década del ’40; como si el cortejo que acompañó sus restos anunciara eso, otra procesión que llegó a la Plaza de Mayo en 1945. El peronismo y el tango se amalgamaron en la fiesta popular y en un mismo entramado sensible”. El link une a Gardel con la década del ’40 y con Perón, y zanja la paradoja de que el mayor cantor argentino no perteneció a la época de oro del tango y desvía, al pasar, el brulote de Borges que veía en Perón la sonrisa de Gardel. Varela observa que la multitud que despidió al Zorzal en el largo cortejo fúnebre fue la misma que metió las patas en la fuente el 17 de octubre de 1945.

ABSTRACCION Y DESPUES
En ese sentido, ya lejos de las carátulas de 1900 y pico, Varela postula en el libro que en 1955 finaliza el tercer gran período de la historia del género, cuando cae Perón y Piazzolla forma su octeto. “El tango deja de ser canción popular y se hace abstracto, complejo, abierto a la influencia de una cultura internacional que ingresa a la Argentina después del peronismo.” La teoría es tan personal como arriesgada: si Perón hubiese resistido los bombardeos de Plaza de Mayo... ¿no hubieran llegado de todas maneras el rock and roll y luego Los Beatles? Lo que ocurrió con el tango, ¿no es casi un espejo de lo que pasó con el jazz en los Estados Unidos, que dejó de bailarse y comenzó a escucharse? Habla Varela: “Los períodos del tango están fuertemente atravesados por el devenir político, económico y social de los países centrales. Así, en el origen prostibulario del tango no es posible comprender el aumento de la prostitución en Argentina sin hacer referencia al problema mundial de la trata de personas y a los cambios en la concepción de la sexualidad de fines del siglo XIX. Las letras del tango canción dan cuenta, en muchas de sus letras, de un doble aspecto: de la conformación de la familia burguesa y de la conquista de derechos por parte de la mujer, procesos que se inician más allá de nuestra frontera. Por último, el fin de la época de oro está vinculado al derrocamiento del peronismo y, con ello, a la apertura de la hegemonía cultural de los Estados Unidos en la Argentina. Lo que ocurre en verdad es que no es el tango el que está atado a los acontecimientos mundiales sino la Argentina misma, su política, su economía, su cultura. Y el tango, más allá de las definiciones afectivas que intentan suponer una esencia inalterable, es una expresión que se mueve al ritmo de la realidad en la que habita”.

Esa realidad –con trazo grueso o sutil– es la que desacraliza el arte de las carátulas. Así aparecen las pócimas curalotodo como “Lugolina” (“¿Le pica? Lugolina. Tango compuesto por el Dr. Eduardo Franca, inventor de la Lugolina”), un primer actor como Florencio Parravicini (caricaturizado en “Alma de bohemio”, el hermoso tango de Roberto Firpo), la Justicia abrazada a un arlequín en “Derecho viejo” (de Arolas, “dedicado al Centro de Estudiantes de Derecho”), los inequívocos temas médicos (insuperables: “Sal inglesa” y “Matasano”) y el pueril racismo de “Tinta china” (con una pareja de negros bailando).

Todas las contradicciones nacionales de la época convivían en el tango: la manteca al techo parisina tirada por la patria ganadera, los burdeles de mala muerte, el aumento de la prostitución, la necesidad de integrar a través de símbolos nacionales un país disgregado en su mayoría extranjera, la explotación del obrero, el lugar de la mujer, etc. Una pasión ilustrada es la manifestación gráfica sin filtro de estas contradicciones. Y la representación burlona de una música que mutó de chispeante y lúdica a grave y sentenciosa, en un tránsito de cien años que fue del quilombo a la Unesco y que hoy, entre tanto historicismo, trata de adivinar un futuro y busca su destino, su forma, su lugar. Su carátula.

Tomado de: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/radar/9-6842-2011-02-21.html

LOS INADAPTADOS DE SIEMPRE...

El problema es que en los festivales "folklóricos", hace rato que los "inadaptados" son mayoría...
En este caso, silbaron a Saluzzi porque querían a "Los Huayras"




"JURO NO REGRESAR NUNCA A UN FESTIVAL FOLCLÓRICO"

¿Qué pasó Dino Saluzzi? ¿Qué pasó Serenata? Lo que parecía el inicio de un bello romance, bajo un plomizo cielo calchaquí, se desdibujó en un predio que por minutos perdió su ‘encanto’. La lluvia persistente que cayó durante la nueva luna serenatera se transformó en un llanto. La ilusión de endulzar los oídos con este gran maestro se hizo trizas.

El clima castigó a Cafayate durante toda la velada y esto ocasionó que el festival no tuviera un desarrollo normal, en cuanto a la cartelera artística. La apertura se realizó cerca de la medianoche y hasta momentos antes se había barajado la posibilidad de suspender la quinta noche de la Serenata. Saluzzi estaba programado para las 0.30, pero el retraso en el inicio impidió que se cumpliera ese horario. El artista, radicado desde hace varias décadas en Europa, recién subió después de la 3 de la mañana. El bandoneonista fue recibido con un cálido aplauso por el público presente, inclusive también se escuchó una ovación luego de su primera interpretación. Pero a continuación, algunos inadaptados iniciaron una silbatina durante la actuación del hombre nacido en Campo Santo, e inmediatamente vino la respuesta del artista, quien castigó a todos por igual: “Cafayate, muchas gracias. Es evidente que no podemos luchar contra los predadores del folclore. Lamentablemente parece que es inútil el esfuerzo, es inútil el crecimiento. Nos han destinado a la ignorancia, a la fatalidad y al desamparo. Cafayate, muchas gracias, pero juro aquí no pisar nunca más un escenario folclórico”, dijo. Saluzzi descendió del escenario ante el asombro de los presentes. Una persona de su entorno dijo a la prensa que no brindaría declaraciones, pero en ese preciso instante el músico abrió la puerta de su camerino y se refirió a lo acontecido: “No me fue bien, no es lugar para mí. El público me ha vencido, mejor voy a seguir con lo mío”. Y antes de cerrar la puerta le dijo a los periodistas: “Gracias a ustedes perdieron un tipo más en el folclore”.

Antes de retirarse de la Bodega Encantada, Saluzzi cruzó palabras con miembros de la Comisión de la Serenata y reprobó el horario que se le había asignado. Sostuvo: “No me tienen que invitar para hacerme pasar vergüenza. Voy a poner la prensa del mundo en contra de Cafayate”.

Desde la organización argumentaron que todo fue un mal entendido, y especularon con que el artista volvería a subir al escenario, una vez que cesara la lluvia. Pero nada resultó dentro de lo planeado y todos salieron perjudicados. Dino Saluzzi, en un análisis frío, sabrá si tomó la decisión correcta al privar a muchos del sueño de escuchar su música en vivo, en este tradicional festival. En definitiva, un grupo minúsculo de destructores del folclore se salieron con la suya y no dejaron que el romance entre el público y este prestigioso artista tuviera un buen final.

Tomado de http://www.eltribuno.info/salta/diario/2011/02/20/espectaculos/201cjuro-no-regresar-nunca-a-un-festival-folclorico201d

domingo, 30 de enero de 2011

Pobre Juan, sombra del monte...

Sábado 29 de enero. Hora: más o menos las 23.00 Lugar: Café Vinilo. Acaba de tocar el trío de Andrés Pilar (piano), Ramiro Gallo (violín) y Ernesto Méndez (guitarra). Tres músicos de la ostia. Un recital enteramente instrumental, con temas desconocidos o casi. Ramiro tiene 44, Ernesto 42, Pilar no supera los 25 años. Es alumno de Hilda Herrera, quien está en la sala. Al concluir el espectáculo, una muchacha de unos 30 años, desde la mesa de al lado pregunta "¿Quién es Hilda Herrera?" Le respondo: "Una gran pianista y compositora. ¿Conocés la Zamba del chaguanco?" Ante su gesto de no saber, le canto los primeros versos.
"Hachan calientes los bombos picando la selva turbia..."
Vuelve a apretar los labios adelantando el mentón. Nueva pregunta. "¿Y quién la cantaba?". Ya sin poder disimular mi molestia, le digo: "Y, de Mercedes Sosa para abajo, medio mundo"...
"¡Ah, no la conocía!" Mutis por el foro. Telón.

viernes, 28 de enero de 2011

COSQUIN 2011

Viernes, 28 de enero de 2011

MUSICA › JUAN FALU, RALY BARRIONUEVO, SUNA ROCHA Y UNA FLAUTISTA SORPRENDENTE, CARLA GUZMAN

La sexta luna estuvo entre las mejores
Con una lógica interna que fundió música, poesía, compromiso y diversidad, la plaza Próspero Molina abrió con el homenaje a los poetas,en el que Estela Carlotto abrazó a los vates del encuentro, Ernesto Cardenal entre ellos.


Por Cristian Vitale (ÉNFASIS MÍOS)

Desde Cosquín

Cosquín luna 6. El silencio debería cortarse con un cuchillo en la plaza. Un guitarrista, Juan Falú, que ha logrado tras años de buscar una autonomía vital respecto de su tío (Eduardo), está refrendando sus pergaminos. La Próspero está bastante llena (unas 8 mil personas) y el tucumano de sangre siria hace que de su guitarra desgrane una belleza sin pretensiones... algo así como un universal de la belleza. De negro, sobrio y solo, sentado bien adelante en la escena, toca una versión libre de “Chacarera del ‘55” y demarca terreno: “La tocábamos cuando en Tucumán había sueños de futuro, antes que venga esa larga noche oscura. Ahora, el señor de esa larga noche está siendo juzgado y espero que sea correspondientemente castigado”, dice, como introito a la pieza. El señor de la larga noche es Bussi, claro, y sucede un ensamble de zambas calmas, mágicas en su introspección, cuyo disfrute pleno se torna casi utópico. Pasa el vendedor de gaseosas y agua a los gritos, una tía le cuenta a la sobrina que fue al río y vio un pato nadando (y encima con el volumen a diez), dos hombres hablan de lo saladas que estaban las empanadas de ayer, y otro adoctrina a sus hijos sobre fútbol: “Palermo no puede dejar nunca Boca, porque si pasa eso estamos en el horno”, vocifera. Sí, Falú es adorado en Cosquín, y media plaza pagaría un plus por el silencio, pero el ¡shhh! colectivo no alcanza ante tanta minoría molesta... Larralde tenía razón, al cabo, cuando no tocó más por la misma razón.

Detalle –no menor– al margen, Falú se despidió con una poesía hecha música de Pepe Núñez (“Zonko querido”) y le habilitó a Raly Barrionuevo un contexto afín, al menos alineado con lo genuino del arte más que con la ensalada de estrellas. Raly a dos bandas. El hombre de Frías intercala la de sus amigos de pueblo, con la que grabó Radio AM, su seminal último disco. Visita en calma “Luna cautiva”, invita a su musa Elvira Zeballos y, con esta señora venerable al piano, ensaya una intensa versión de “Chacarera del sufrido”, de los Hermanos Abalos, y la popular se desvive en aplausos mientras varias parejas discuten con la gente de vigilancia porque no les permiten bailar en el hueco que hay entre la primera fila y el escenario. Sobrevienen “Zamba de usted”, de Ariel Ramírez; “La pulpera de Santa Lucía”, la ranchera que el friense (re)personaliza con su voz, y una zamba que escribió a los 18 años. “Dos años antes de hacer este tema, yo había participado en el Pre-Cosquín de Río Hondo con la delegación de mi pueblo. En general fue bastante bien, pero yo no pasé el primer nivel y me acuerdo de que le dije a mi hermano: nunca más voy a ir a Cosquín, a menos que me inviten... Bueno, acá estoy.”

“Zamba y acuarela”, una de sus composiciones más hermosas, terminó en el primero pedido de bis. Raly accedió con “Somos nosotros” mediante y un derrotero de imágenes con sus “peregrinos de la amada libertad” a sus espaldas: Piazzolla, Spinetta, El Che, Mercedes Sosa, Gardel, y el público de pie. Aplausos rabiosos y gran complicación al final. El locutor no puede pilotear una situación que se desmadra. La plaza entera pide otra vez a Raly. Raly se va y le cierran el telón. El locutor recibe órdenes contradictorias. Primero pide perdón y, por boca de tercero, claro, no cede. Después dubita. Y finalmente, cuando Carla Guzmán –otra ganadora del Pre-Cosquín– se dispone a empezar, el grito en el mic devino en estallido. “La comisión entendió el reclamo popular”, dijo Fabián Palacios y Raly compartió su “Chacarera del exilio” con la joven tucumana y su guitarrista. El gentío se calmó y le dio pista a esta flautista sorprendente. Nacida y criada en Banda del Río Salí (Cruz Alta), salió a flote de una partida difícil. Incluso cautivó con “La olvidada”, la chacarera de Yupanqui, pasada a idioma de traversa. Potente traversa.

Guzmán no desentonó con la impronta de una noche pareja, de las buenas. Tampoco la delegación de Santa Fe que, de no haber sido por lacerantes acoples, hubiese mostrado mejor su puesta sinfónica y juvenil de Mujeres argentinas, la obra madre de Félix Luna inmortalizada por Mercedes Sosa. Tampoco Suna Rocha, que bien temprano y después de una de esas excepciones que confirman la regla cuando la luna da positiva (Los Huayras), revivió, igual que Jairo, a Yupanqui a través de “Yo tengo tantos hermanos”, mostró el estupendo huayno de Luzmila Carpio (“La alegría de los niños”) que abre SOS Agua, su último disco, y revisitó una chacarera vieja (“Las abuelas del campo mío”, de Carlos Di Fulvio) con sonido nuevo. Emiliano Zerbini, el cordobés criado en La Rioja, le puso onda a través de “No se toca” y Jairo, dispuesto a cerrar la noche, mantuvo cautiva a la plaza con sus consabidos paseos yupanquianos (“Cerro Colorado”, “Yo tengo”) y un puente al Litoral –que también tuvo su lugar con Tarragó Ros, Las Hermanas Vera y Los de Imaguaré– llamado “Pueblero de Alla’ité”, la perla del Pocho Roch.

Luna, la sexta, con una lógica interna que fundió música, poesía, compromiso y diversidad. Y cumplió, casi orgánica, con el homenaje a los poetas que la abrió y en el que Estela Carlotto abrazó a los vates del encuentro, Cardenal, el imprescindible nicaragüense, entre ellos.

miércoles, 26 de enero de 2011

Cosquín 2011

Las siguientes son unas reflexiones escritas en 2006, pero que aún parecen tener actualidad:

SÓLO ES ARTE LO QUE CREA

“El verdadero lujo se hace a mano”
Juan Bialet Massé

Por estos días, en esta ciudad –y sospecho que en todo el país- se da un auge de la construcción de viviendas. El hecho, de por sí beneficioso para un país que ha sido devastado en su aspecto social por políticas generadoras de desempleo y pobreza, tiene sin embargo un costado lamentable.
A diario observamos la demolición, es decir la destrucción sin orden ni criterio, de casas antiguas, sólidas y bellas, en muchos casos con valor histórico; para dejar paso a edificios que bajo ningún punto de vista las igualan en calidad estética ni funcional. Las nuevas construcciones se realizan empleando materiales actuales que, como sabemos, no han sido creados para beneficio de los futuros moradores de aquellas unidades sino más bien para aumentar el lucro de los constructores.
Algo muy similar sucede en el campo de la música popular argentina, donde se ha puesto de moda entre los músicos y cantantes dedicarse a hacer versiones de temas clásicos –ya sea de música ciudadana o de raíz folklórica- para lo cual acuden a “arreglos” que son, en la inmensa mayoría de los casos, una destrucción total de la forma y del contenido de esas canciones, amén de que también constituyen una falta de respeto a los autores y compositores de las mismas.
¿Por qué se obra de este modo? Podríamos decir que es porque faltan talento y creatividad. También porque la audacia alcanza para canibalizar la obra ajena, pero no para asumir el riesgo de crear la propia. Pero no estaríamos equivocados si además dijéramos que se procede así porque se busca al éxito económico seguro e inmediato, porque se persigue la obtención de réditos sin asumir riesgos.
En esta defraudación, hay cómplices. Más que cómplices, partícipes necesarios. Son los periodistas y los [multi] medios de difusión. Aquéllos, porque han declinado su función crítica y se han convertido en meros agentes de prensa de los artistas, muy probablemente a título oneroso.
Éstos, porque saturan al público con la difusión, como sucede en este momento con el nuevo disco de Diego Torres, y sucedió antes con Soledad, Los Nocheros y el Chaqueño Palavecino. Así debemos soportar que en las dos únicas radios temáticas de Buenos Aires dedicadas a la música argentina, nos pinten como “geniales creaciones”, por ejemplo, al despanzurramiento del hermosamente simple vals de Pedro Datta “El aeroplano”, por parte de un músico cuyo nombre no recuerdo; o la chabacanería del grupo platense “Los Jíbaros” (sic) que mecharon el sonido de un serrucho como alegoría de un coito en su versión de la “Chacarera de las piedras”, de Yupanqui. El inconsciente ha traicionado a estos achicadores de cabezas musicales al momento de dar un nombre a su pandilla, al igual que aquellos músicos que han titulado “Demoliendo tangos” a su espectáculo.

No soy Jesús para echar a los mercaderes del templo. Pero como los oídos, mentes y corazones de cada uno de nosotros son templos que merecen ser respetados, los invito a no dejar entrar en ellos a estos mercaderes, y sí a hacerles un lugar a los verdaderos artistas: los que crean obras o los que interpretan las ya creadas sin destruirlas.


Buenos Aires, 29 de julio de 2006